TOP

DISFRUTEMOS DEL PODER DE SU PRESENCIA

Hace unos años atrás cuando terminaba la reunión semanal de mi iglesia, un hombre se me acerca y me pregunta por qué había ido sola ese día, ya que las otras veces había asistido con el que actualmente es mi esposo, le respondí triste que él no había querido asistir ya que había preferido ir a una fiesta con sus amigos. El  hombre me miró fijamente y me dijo con una voz tranquila y segura: hoy a las 2 de la mañana vendrá el espíritu santo sobre él, y su vida será transformada para siempre. Yo lo creí con todo mi corazón, no entendía del todo lo que se refería pero me dio tanta paz que me fui a mi casa creyendo en esa palabra. Al otro día recibí la llamada del que en ese tiempo era mi amigo, llorando como un niño, arrepentido y con un deseo exagerado de entregar su vida a esa presencia sobrenatural que lo había visitado la noche anterior.

Recuerdo que cuando escuché la palabra “Espíritu Santo” de la boca de aquel hombre, no entendía ni dimensionaba realmente lo que hoy conozco, imaginé que una paloma blanca o una luz radiante vendría sobre él esa noche. Pero jamás imaginé lo inmenso de su presencia y todas las formas en que hoy puedo disfrutar de ella. Luego de este acontecimiento entendí que el día que me convertí, semanas antes de que todo esto ocurriera, ese Espíritu Santo era el que me había visitado y había producido en mí un arrepentimiento respecto a la vida que llevaba y me convenció de seguirle sin cuestionar nada, no fue un deseo mío, ni yo queriendo buscar a Dios, si no que Él me había encontrado y se había acercado a mi. Él vino cuando no lo busqué, respondió cuando yo no llame, me amó cuando no daba la medida, me perdonó cuando era culpable. 

Pasaron los días y fue ese Espíritu el que limpió las heridas más oscuras que habían en mi alma. Él sanó las depresiones que cargué por años, llenó los vacíos que nadie ni nada podían haber calmado. Me ayudó a perdonar y me sentía libre, sentía que era una nueva criatura, con una nueva mente y un nuevo corazón. De la noche a la mañana él hizo algo sobrenatural, es que pase de estar muerta a estar viva, cambiando mi luto por un gozo único.

Luego, al pasar los años comencé a entender que no solamente había estado aquel día que cambió el rumbo de mi vida, si no que estaba a mi lado cada día, incluso desde antes que sucediera todo eso. Comencé a entender que su presencia era la compañía que Dios me había dado para vivir esta nueva vida. Al principio no fue fácil, tuve que dejar amigos, familia, sueños, pero extrañamente no me sentía sola, algo en mí había entrado y me hacía saber que estaba ahí y que era tan grande que no se comparaba a nada que tuviera que perder.

Comencé a experimentar una voz que me guiaba, una voz que me dejaba ver lo que antes no veía. Pude experimentar como esa presencia producía que yo me pudiera acercar a Dios, que yo pudiera tener una relación con él, no eran mis esfuerzos, era una nueva genética que habitaba en mi. 

Escribo esto y es hermoso recordar cada tiempo, cada proceso, cada lágrima, cada caída, cada nueva oportunidad, y pensar que en todo eso ha estado su presencia.

Yo quería que todos vivieran lo que yo estaba viviendo, y cometí el error de entrar en debates innecesarios o de tratar de convencer a mi familia, en ocasiones no de la forma más amable. Pero fue la presencia de Dios en mi vida la que se encargó de atraer a los que me rodeaban a esta verdad, primero fue mi abuelo, luego mis hermanos y mi madre. Y tengo la esperanza de que un día veré a mis familiares rendidos ante su presencia, y descanso en que no será por mis méritos ni por mis esfuerzos, porque esto depende de Dios.

En un momento de esta nueva vida, Dios me comenzó a capacitar  para usar mi vida para influenciar la vida de otros. Fue en ese momento donde conocí otra faceta del poder de la presencia de Dios actuando en mi vida, llenando mis debilidades y haciendo por mi lo que era imposible que yo logrará. Cometí muchos errores por inmadurez, ignorancia, inexperiencia y su presencia estuvo siempre ahí. Me sentí incapaz, me frustré, me enoje y esa presencia siempre estuvo ahí. No di la medida, no pude lograrlo, y esa presencia seguía a mi lado. Cuando yo no era capaz, más me admiraba de que esa presencia me siguiera buscando, siguiera creyendo en mí para que después de algunos procesos  comprendiera que solo soy un vaso, solo soy un recipiente. Y él es quien limpia el recipiente día a día, y lo vuelve a llenar. Que mientras más débil soy, más de su presencia necesito. No debía ganarme su presencia ni ser perfecta para tenerla, ya que por mi imperfección precisamente se hacía más urgente que ella viniera sobre mi.

Aún hay muchas cosas en mi vida inconclusas, que no he podido superar pero una vez más recuerdo la buena noticia, que esa presencia estará conmigo hasta el fin de los días, que ella es la que produce el crecimiento y que esa misma presencia terminará la obra que un día comenzó en mi. Y sabes que, eso me llena de paz, de fe, de valentía para decir a otros que para Dios no hay nada imposible. Su presencia limpia, transforma, da oportunidades y te levanta una y otra vez. Fue puesta dentro de ti y a tu lado para ayudarte en todo. Ruego a Dios nunca olvidar quien soy, y cuánto dependo de él, que si hay algo bueno no ha sido mérito mío, si no de su maravillosa  presencia y dejar que otros la experimenten gratuitamente.

Hoy me considero dependiente de su presencia, es vital en mi día a día. Si tengo su presencia, lo tengo todo y nada me falta . Estoy ansiosa de seguir siendo testigo de todas las formas en que esa presencia puede afectar las diversas áreas de mi vida y la de todos aquellos que me rodean. Disfruta de la compañía y del poder de su presencia, es el don más grande.

Por: María José Albornoz